En cualquiera de los más recientes estudios sobre los aspectos denominados críticos para una organización, sus lideres incluyen la capacidad innovadora entre los tres primeros. Así mismo, la citan entre los factores clave para el éxito y alcanzar sus objetivos. Sin embargo cuando tienen que valorar esta competencia en su compañía y sus equipos se muestran claramente por debajo de sus expectativas.

 

¿Por que ocurre esto? Estamos ante un mundo global, dinámico y cambiante, donde la gestión de la incertidumbre juega un papel clave: las normas y procesos de ayer puede que hoy no valgan. Tenemos clientes sociales que desean no productos, si no experiencias y a los que la tecnología ha dotado de un poder desconocido en otras épocas. Esto obliga a las organizaciones a dotarse de mecanismos y herramientas de inteligencia colectiva, para dar respuesta rápida y óptima a las demandas de esta nueva sociedad. Actualmente, hemos pasado de la criticidad del acceso a la información al acceso a las conversaciones sociales que se están desarrollando en su entorno (empleados, proveedores y clientes) y que en muchos casos nos dan las claves para entender el mañana. Es una realidad más participativa y transparente.

 

Para todo esto, necesitamos personas no ya especialmente formadas en determinadas áreas, si no en determinadas competencias, capaces de comprometerse en la solución de un problema o resolver un objetivo, con la pasión necesaria para implicarse, con un claro valor a aportar, y dotadas de autenticidad.

 

Estas personas y estas organizaciones necesitan estructuras de gestión distintas, no basadas en el control, el premio y el castigo, como la jerarquía de poder tradicional, si no en el valor aportado por cada uno, la confianza, el reconocimiento, la autoestima y la colaboración de todos. Porque ha quedado claro que muchos cerebros trabajando en red son mucho más capaces de conseguir los objetivos con éxito, que uno sólo.

 

Si queremos profesionales creativos, con capacidad innovadora para abordar los retos que nos presenta la economía digital, tenemos que dejarles trabajar con las mejores estructuras y herramientas para conseguirlo, sin limitar su capacidad de desarrollo de competencias y habilidades, si no, estimulándolo.

 

Necesitamos así, directivos que sepan liderar utilizando la confianza, creatividad y gestionen la inteligencia colectiva, que se encuentren cómodos en entornos colaborativos, que sepan crear espacios de encuentro y dirigir participativamente. Ellos entenderán como gestionar la incertidumbre y el riesgo, contarán con un destacado espíritu emprendedor, siendo capaces de adaptarse al entorno con flexibilidad. Así mismo, deben ser capaces de gestionar las emociones involucradas en las nuevas formas de liderazgo: confianza, compromiso, adhesión, satisfacción.

 

En un mundo donde ya son una realidad exitosa las universidades disruptivas y la redarquía social, las organizaciones que triunfen serán las que sean capaces de involucrar a lideres innovadores. También serán las más felices.

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